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Contemplación – 3

La contemplación nos lleva a nuevas maneras de “ver”, es como lo dicen los místicos ingleses, “una larga mirada de amor a la realidad”, pero no es un mirar que guarda al vidente y lo visto separados. Mediante la contemplación, entramos más bien en el corazón de la realidad regresando a la Fuente de nuestro Ser. Es volver al hogar de nuestro yo interior y hacer la experiencia de nuestra unión con toda la creación. Al experimentar la plenitud de lo que somos, participamos en el acto permanente de la creación.

Mary Conrow Coelho, en “Awakening Universe, Emerging Personhood”, escribe que esta es la base de la vida activa de los contemplativos. “Por el regreso en la contemplación participamos en la realidad dinámica de la vida, un dinamismo fundado en el ÚNICO. Entramos en la plenitud del poder viviente y productivo, no un estado de perfección moral…. Llegamos a ser productivos y creativos de una manera imposible fuera de la contemplación. Aquí la persona se preocupa por el mundo diario que necesita de sus cuidados. Además, existe una alegría, que es la alegría de la vida. En la sanación continua de nuestras prácticas y nuestros complejos, mediante la atención a los demás y la creación de ideas y actividades que hacen brotar prácticas personales y culturales que son nuevos y reformados…”

Es importante tener presente que la contemplación, o senda mística, no concierne solamente a una élite limitada. Evelyn Underhill la describe como un “proceso orgánico y un movimiento ordenado que implica una capacidad humana innata”. Nuestra aptitud para la contemplación no se basa ni en la educación ni en la inteligencia, ni se merece tampoco. Necesita más bien ser nutrida. Uno tiene que cooperar con el proceso de transformación. Eso requiere tiempo, compromiso y una disposición a cambiar.

Aunque sea orgánico para nosotros, esta senda mística a menudo se bloquea o se tranca en nosotros, y es necesario tener conciencia de ello. Mary Coehlo, escribe: “Puede recomenzar de varias maneras, incluyendo una grave crisis personal que causa el desajuste de los medios de luchar a diario, la enfermedad física, una experiencia de “despertar”, o simplemente un anhelo persistente que favorece una búsqueda espiritual.” En la tradición contemplativa del Occidente cristiano, los místicos describen el caminar contemplativo con términos similares. Describen distintas etapas llamadas “despertar”, “purgación”, “iluminación”, “noche obscura” y “unión”. Según Thomas Keating, monje cisterciense e impulsor del movimiento de la oración centrante, “la tradición Cristiana sostuvo constantemente, durante los 15 primeros siglos, que la contemplación es el desarrollo normal de la vida espiritual auténtica en respuesta a la escucha de la palabra de Dios, y que, por lo tanto, está abierta a todos los Cristianos. “

Debemos recuperar la contemplación como nuestra senda espiritual orgánica natural. Es en la experiencia contemplativa que puede ocurrir esta transformación de conciencia tan urgente para hacer frente a nuestra crisis planetaria actual.

Muchos eruditos creen que estamos involucrada(o)s en un importante cambio de paradigma. La visión del mundo modelada por la Iluminación ya no nos sirve. El enfoque mecanicista de la física newtoniana, agregada a la filosofía cartesiana, produjo inmensos progresos científicos y tecnológicos. Pero percibió a la persona humana separada de la naturaleza, la cual nos pertenecía para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Vio la materia como partículas aisladas que actúan unas con otras como bolas de billar. Rechazó toda fuente de conocimiento ajena al enfoque racional y científico.

Hoy vivimos las consecuencias extremas de esta visión del mundo. La salud misma del planeta del cual formamos parte está en peligro. Las intuiciones de la física cuántica y la nueva cosmología nos hacen ver un universo donde todo está interconectado y en interacción con todo, en una red de relaciones. La raza humana pertenece al universo y comparte la vida con todos los demás seres. Todos venimos de la misma materia de estrellas y todos somos únicos.

La tarea que nos espera consiste en captar esta nueva conciencia y comenzar a actuar en consecuencia. Los datos solos no bastan. Debemos recuperar nuestra senda natural de contemplación. Necesitamos nuevas maneras de “ver”. Mary Coelho escribe: “El corazón creativo del mundo vive dentro de nosotros y en medio de nosotros; vive dentro y en medio del mundo natural. El individuo ya no es una entidad aislada que lucha por su lugar en el mundo; se le da un lugar intrínseco notable, un lugar que es sagrado. “Ella cree que esta “nueva manera de ver” puede revelar nuevas posibilidades para el individuo y para la comunidad terrestre. Escribe que “la fuente de esta esperanza reside, en parte, en acciones que pueden provenir de la personalidad transformada en el contexto de la nueva historia. El lado creativo y activo de la vida contemplativa, reconocido desde hace tiempo por la tradición, se convierte ahora en un asunto urgente para la supervivencia humana y para la creación de un futuro viable”.

Meister Eckhart, entendía este lado activo de la contemplación. La persona que ha llegado a la unión con la Deidad se vuelve fértil y creativa. Él describe esta creatividad con palabras como “salir”, “expresarse”, “desbordamiento” y “fusión”. Dorothy Soelle, también entiende esto cuando escribe, en “The Silent Cry”, que “las dos voces, la mística y la profética, van juntas; de hecho, cada vez que consideran que pueden prescindir la una de la otra, se extravían.” Al reflexionar sobre las opciones que se ofrecen a los místicos concerniente a su relación con el mundo, Dorothy Soelle, descubre esto: “Que sea una retirada, renuncia, desacuerdo, divergencia, disensión, reforma, resistencia, rebelión o una revolución, todas estas formas implican el ¡NO! al mundo como existe ahora… todos ellos vivieron su misticismo repudiando los valores que regían sus mundos”.

La senda de la contemplación nos llama a volver a casa. Es arriesgado y es transformador. Y los peligros de no emprender esta jornada son extremadamente amenazantes. Arriesguémonos en esta jornada sagrada para que, según las palabras de Constancia FitzGerald, OCD, seamos “liberados para emprender acciones no violentas, desinteresadas y liberadoras”.

Texto de Nancy Sylvester, IHM

© 2003 Institute for Communal Contemplation and Dialogue
Reimpresión con autorización: iccdinstitute@aol.com

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