Select Page

Diálogo – 1

Cuando trabajaba con NETWORK al final de la década 1970, creamos una estructura de gestión de alta participación. Lo notable era que creíamos en la igualdad de cada persona y que el valor del trabajo emanaba de esta certeza. Elegimos concretar esto procurando que cada uno cobrara el mismo salario, sin consideración a los títulos, puestos o años de experiencia. Lo que contribuyó a crear un lugar de trabajo muy cooperativo. Además estábamos muy atentos a nuestra manera de tomar decisiones. Dábamos por sentado que cada uno tenía algo que aportar en las decisiones más importantes que afectan la vida de la organización. Resultó que cuando nos reuníamos alrededor de la mesa, todo el mundo daba libremente sus ideas, y juntas podíamos ampliarlas, modificarlas y desarrollarlas, hasta que nos poníamos de acuerdo sobre algo muy superior a lo que una sola persona hubiese ideado. Nuestro sentimiento de apropiación del programa, el puesto, etc, era fuerte, y eso nos motivaba para hacer el trabajo necesario para implementarlo.

Más tarde cuando fui elegida en el liderazgo de mi congregación, desarrollamos una dinámica similar entre nuestro grupo de ocho. Asumimos que los dones de cada persona eran necesarios para enfrentar adecuadamente los problemas complejos. Teníamos una confianza mutua y tomábamos el tiempo necesario para escuchar las ideas de cada una, poner de relieve las suposiciones subyacentes, expresar oposición cuando fuera necesario y elaborar las orientaciones generales, que podían entonces ser abordadas y desarrolladas por el subgrupo o la persona conveniente. Esta dinámica nos dio la oportunidad para ver las conexiones que unen las cosas y obtener una visión más global de la realidad, permitiendo a la diversidad de perspectivas iluminar las problemáticas.

En ambas situaciones, creo haber vivido lo que llaman el “diálogo” en el léxico de procedimientos de hoy. Aún cuando el “diálogo” pueda referirse a una disciplina muy específica, creo que describe la experiencia de entablar con otros una conversación que realmente respete el regalo que cada persona es para el conjunto, creyendo que juntos podemos sondear, explorar, y luego llegar a un determinado nivel de acuerdo. Creo que el diálogo lleva a una sinergia entre los participantes creando algo nuevo, tanto en el concepto como en la acción. Creo que en el diálogo, uno acepta que su idea o perspectiva no es la única válida, y está dispuesto a escuchar al otro.

El diálogo es mucho más productivo que el debate, la representación, un intercambio de ideas, la negociación o una discusión. No se trata de un enfoque unilateral a los problemas en el cual el lado que gana se lleva todo. Peter Senge, nos recuerda que “para los Griegos, dia-logos quería decir el libre fluir de significado dentro del grupo, con el fin de descubrir ideas inalcanzables individualmente.” Para que esto ocurra, no se puede simplemente esperar el momento de saltar en una conversación con su propia opinión, preparando lo que se va a decir mientras los otros están hablando. Es más bien comenzar a pensar juntos. Entrar en el diálogo significa que uno está dispuesto a poner en tela de juicio todas las suposiciones, incluyendo sus creencias fundamentales y sus visiones del mundo, si fuera necesario.

Para muchos de nosotros, esta clase de intercambio exige nuevas habilidades y comportamientos. El físico David Bohm, escribió extensamente sobre el “diálogo”. Vio que el diálogo explora la forma en que el pensamiento es producido y sostenido a un nivel colectivo. Vio que esta clase de investigación pretendía descubrir las cuestiones fundamentales de la identidad, la cultura y el significado. Para Bohm, el diálogo era una invitación a explorar colectivamente la posibilidad de una humanidad mejorada.

El diálogo nos invita a tomar conciencia de nuestras suposiciones, a seguir quitando las capas de nuestras deducciones y prejuicio. Para lograrlo, nuestro ego no puede tener el control. El diálogo nos invita a formar parte de una mayor comunidad de significado. Es una oportunidad de crear una nueva conciencia, nuevos entendimientos.

Cuando leí el libro de William Isaacs’ Dialogue, que desarrolla los conceptos de David Bohm, sentí que entrar en el diálogo exigía un corazón contemplativo, porque uno trata verdaderamente de ver la realidad diferentemente. Como la definen los místicos ingleses, “la contemplación consiste en mirar largamente la realidad con amor”. Nos invita a dejar de lado nuestros prejuicios y suposiciones de modo que podamos abrirnos al Espíritu que trabaja dentro de nosotros y entre nosotros.

Steve Wirth, ha desarrollado un proceso de diálogo contemplativo que enlaza estos dos conceptos. Ve tres etapas importantes para la persona o para el grupo que practica el diálogo contemplativo :

tomar conciencia y entender más claramente nuestros filtros mentales y perceptuales;

adquirir las habilidades necesarias para apoyar la toma de decisión sobre la base de los mejores valores, lo que nos permitirá ejercer una influencia sobre nuestras comunidades y sobre quienes lleguemos a ser;

establecer relaciones consecuentes con el pensamiento o el espíritu colectivo del grupo.

Creo que el diálogo y la contemplación nos brindan la oportunidad de abordar la transformación a un nuevo nivel. Proporcionándonos la posibilidad de una verdadera comunicación, que lleva a la amistad y al amor. Puede ayudar a solucionar problemas pero quizás más aún. Si entramos en el diálogo y la contemplación, quizá podamos realizar lo que Bohm , preveía. “Podría ser que el diálogo introduzca un nuevo cambio del individuo y una modificación de su relación con lo cósmico. Se ha llamado a esta energía “comunión”. Es una clase de participación. Los primeros Cristianos usaban una palabra griega, koinonia, cuya raíz significa “participar” – la idea de participar de la totalidad, y tomar parte en ella; no simplemente el grupo entero, sino la totalidad.”

Cuando nos reuniremos con los participantes aportaremos nuestra experiencia del impase desde un punto de vista contemplativo común, y cada uno mediante el proceso del diálogo.

Texto de Nancy Sylvester, IHM

© 2003 Institute for Communal Contemplation and Dialogue
Reimpresión con autorización: iccdinstitute@aol.com

Volver al comienzo

Regresar a Diálogo

EN COLABORACIÓN CON LA HERMANAS DE LA PROVIDENCIA
www.providenceintl.org