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Diálogo – 3

Puede ser extraño empezar una reflexión sobre el diálogo hablando con el lenguaje del misticismo, que incluye el silencio, la escucha profunda y una voluntad de entrar en lo desconocido. Sin embargo, el diálogo nos invita a suspender nuestras suposiciones, a estar dispuestos a dejar la necesidad de saber a renunciar a nuestra certeza a escuchar al otro con curiosidad y a ocupar el espacio creativo entre nuestras palabras.

El diálogo no es fácil. Esto requiere estar atentas a cómo pensamos, qué visión del mundo forma nuestro pensamiento y cómo nuestro lenguaje estructura nuestro pensamiento. En el diálogo se nos invita a entrar profundamente debajo de nuestros intercambios habituales de comunicación. Se trata de explorar nuestras experiencias comunes y nuestras suposiciones subyacentes. Es una disciplina que evoca la posibilidad de crear maneras enteramente nuevas de pensar y actuar juntas. William Isaacs, explica en Dialogue: “Listening for Collective Intelligence” que “el diálogo no enfoca específicamente la tarea sino que trata de establecer nuevas relaciones colectivas entre la gente, sobre la base de la experiencia.”

Hoy en día se necesita urgentemente este tipo de comunicación. Los paradigmas que moldearon el pensamiento occidental y su lenguaje desde los antiguos Griegos concibieron la realidad como objetos sólidos y duraderos. Esto lleva a lo que se llama el substancialismo, y encaja muy bien en la percepción mecanicista de la realidad, que se desarrolló durante la Ilustración. Dentro de este marco, una sustancia existe en primer lugar, luego entra en relación con otras sustancias. La entidad propia permanece. Su interacción es externa a ella.Esto es acentuado por la estructura gramatical del inglés.

Ronald L. Farmer escribe en su libro, Beyond the Impasse: The Promise of a Process Hermeneutic: “Cualquier idioma ordena el mundo de una manera particular para los que emplean este idioma, y oculta los aspectos del mundo que no concuerdan con este orden. … La gramática de las lenguas indoeuropeas, que hace hincapié en los sustantivos, favorece el sustancialismo. Como resultado, los Occidentales tienden a enfocar la realidad como entidades sustanciales, y por lo tanto a ver los acontecimientos como la interacción de estas entidades. Estos idiomas implican que hay en primer lugar entidades sustanciales, que luego tienen interacción. Así pues se tiende a explicar los acontecimientos en términos de las sustancias en vez de lo contrario.”

Se ha rebatido esta inclinación hacia el substancialismo, desde la aparición de la filosofía de Kant, que hace más hincapié en el conocedor humano que en el mundo objetivo. Ha sido objetada también con las perspectivas de la física cuántica, que ve la realidad como una red de relaciones, en la cual la materia es afectada por sus interacciones y por el medio ambiente. A esta manera diferente de pensar se la llama a veces “pensamiento de acontecimientos”. Ronald Farmer escribe: “El pensamiento de acontecimientos” considera las relaciones diferentemente. Un acontecimiento no sucede en el primer lugar, para luego entrar en relaciones con otros acontecimientos. Al contrario, el acontecimiento es una síntesis de sus relaciones con otros acontecimientos. Y en vista de que estas relaciones constituyen el acontecimiento, se las percibe como internas al mismo.” Es muy difícil expresar esta nueva manera de pensar porque intentamos explicarlo usando el idioma inglés, cuya estructura gramatical es más compatible con el substancialismo.

Ofrezco esta reflexión sobre idioma y los paradigmas del pensamiento porque creo que el diálogo como disciplina puede ayudarnos a encontrar nuevas maneras de expresar nuestra realidad, y a discutir las grandes problemáticas que nuestro planeta enfrenta. El diálogo enfatiza la síntesis que emerge de la exploración del significado común. Lo importante son las relaciones creadas y lo que se deriva de éstas. El diálogo nos invita a penetrar en una manera de pensar orientada en el acontecimiento. William Isaacs, cree que el diálogo activa una forma elemental y natural de inteligencia colectiva inherente a los seres humanos. Afirma además que el “diálogo comienza del ‘todo’ y se mueve hacia las partes. El diálogo comienza con la premisa básica de que existe una totalidad subyacente implícita que puede llegar a ser explícita. Eso sugiere también la existencia de un nivel de aprendizaje y comunicación que puede tomar lugar en un contexto colectivo y no por medio de individuos solos.”

Elegir el diálogo es abandonar nuestras maneras cómodas de saber; es renunciar a la necesidad de tener razón y de demostrar nuestras aptitudes. Creo que para entrar en el diálogo se precisa un corazón contemplativo. Necesitamos la capacidad de escuchar en profundidad y una buena disposición para adentrarnos en lo desconocido. Intentamos ver de una nueva manera y encontrar el significado común que surge de nuestro compromiso de unas para con otras. Tal vez el lenguaje del misticismo pueda sostener algunas maneras nuevas de expresar esta realidad, y que sea un manantial de sanación para nuestra fragmentación y nuestro aislamiento de los unos a los otros y de la naturaleza.

Texto de Nancy Sylvester, IHM

© 2003 Institute for Communal Contemplation and Dialogue
Reimpresión con autorización: iccdinstitute@aol.com

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